Es importante destacar que la relación con las nuevas tecnologías hoy
condensa y desplaza la relación que la escuela se está planteando con el futuro,
con los sujetos a los que está formando y con la sociedad que se propone producir
por medio de la transmisión cultural.
La tecnología viene, para muchos adultos, y
todavía más para muchos docentes, como sinónimo de peligro, de
deshumanización, de pérdida de poder, de dominio absoluto, de desmoralización;
y los
chicos y adolescentes educados y fascinados por esas tecnologías aparecen,
muchas veces, también en esa línea de peligro. Es esta serie de asociaciones, de
representaciones, la que debería ponerse en
cuestión cuando se aborda esta
problemática.
Cuando se plantea la cuestión del futuro, aparece inmediatamente la
tentación de cierta ingeniería social que diagrame escenarios alternativos, que
tranquilice angustias, y sobre todo que ayude a dominar lo por-venir. La escuela,
muchas veces, intentó gobernar ese futuro, diseñando destinos escolares y
sociales, imaginando que tales sujetos deberían hacer determinadas cosas y no
otras.
Era un diseño del futuro fuertemente estructurado desde el pasado, como lo
señalamos en el primer apartado.
Hoy, sin embargo, muchos docentes creen que
el futuro va a ser cada vez peor, y dicen a sus alumnos, como un personaje de la
serie “Los Simpson”, “el futuro será horrible y me alegro de no
tener que
compartirlo contigo”. El futuro es negro, y nada de lo que hagamos cambiará las
cosas.

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