Alfabetizacion
En primer lugar, hay que romper con la idea de que la lectoescritura y la matemática son “técnicas a-históricas”, y que no han cambiado en el último siglo y medio.
Desde el sentido común muchas veces se dice que da lo mismo enseñar a leer y escribir en cualquier contexto, y que se trata de aprender una serie de pasos que no requieren revisión o actualización. El hecho de que tanto la escritura como el libro sean prácticas y tecnologías antiguas favorece esta idea de inmutabilidad y simpleza. Sin embargo, las prácticas de lectura y escritura ya no son más logocéntricas, sino que deben comprender la multiplicidad y complejidad de las maneras en que lo escrito, lo oral, lo gestual y lo audiovisual se integran en sistemas de hipertextos accesibles en la Internet y la red mundial.
Actualmente, la enseñanza de la lengua y la literatura busca acercarse a las situaciones reales de comunicación, jerarquiza el lugar de la oralidad, y promueve formas menos rígidas de enseñanza, que plantean trabajos en grupo, interacciones directas entre los alumnos, y autocorrecciones o evaluaciones de los pares.
La relación con el saber que se promueve y el vínculo con la autoridad (a través, por ejemplo, de la relación con las normas lingüísticas, del énfasis que se pone en la ortografía y la sintaxis, y de las formas de trabajo con el error) son muy diferentes a lo que se planteaba a fines del siglo XIX. ¿Se aprende, entonces, lo mismo, cuando se aprende a leer y escribir en los primeros grados de la escuela primaria? Creemos que no, en tanto lo que se busca establecer no es el dominio de ciertas técnicas sino una relación determinada con la lengua, un aprendizaje de una posición relativa en la sociedad; y esa relación y esa posición son bien diferentes a lo que eran antes.
Pero en esa producción de sentido, creo que es importante destacar que la escuela debe ayudar a proveer claves interpretativas sobre los modos y contextos en que hoy circulan y se producen los textos. Me parece que, más que el “curriculum del Microsoft Office”, de enseñar power point, word o excel, que ha sido el eje de buena parte de la materia informática o tecnología en las escuelas, el sistema escolar debería concentrarse en ayudar a entender los procesos de producción de sentido que hoy están ocurriendo. Henry Jenkins, uno de los más interesantes teóricos de la “cultura participativa” de Internet 2.0, señala que la escuela debería concentrarse en tres desafíos:
- El problema de la participación: no todos pueden acceder
- El problema de la transparencia: qué es lo que los niños y adolescentes ven o qué sentidos se construyen en la opacidad de los medios
- El problema ético: cómo ayudamos a las nuevas generaciones a negociar con los dilemas éticos de la experiencia online.
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